LA GUARDABOSQUE

Detrás de la mirada

Antes que fotógrafa, observo.

Soy Laura Ascaso y Mirada Salvaje nace de una forma muy sencilla de estar en el mundo: prestar atención a lo que ocurre cuando dejamos de intervenir y nos damos tiempo para mirar de verdad.

Laura observando las hojas de un árbol

DE DONDE NACE

La fotografía empieza mucho antes de levantar la cámara.

Para mí, comienza en la forma de llegar.

Primero observo. Escucho. Intento comprender qué está ocurriendo y respeto el ritmo de cada persona y de cada ser vivo.

No busco provocar escenas ni dirigir lo que está vivo hacia una imagen que ya había imaginado.

Prefiero permanecer atenta a esos gestos pequeños que aparecen cuando dejamos espacio: una mirada, una distancia que se acorta, una mano que busca, una manera de caminar juntos.

La cámara llega después. No para crear el momento, sino para conservar aquello que merece permanecer.

MI FORMA DE ESTAR

La cámara no marca el ritmo.

Cada encuentro es diferente porque cada persona, cada animal y cada vínculo también lo son.

Mi trabajo no consiste en conducir lo que sucede hacia una imagen prevista, sino en reconocer lo que ya está ocurriendo y encontrar la manera más respetuosa de acercarme.

01

Observar antes de intervenir

Antes de pedir, proponer o acercarme, observo. Esa primera escucha me permite comprender lo que está sucediendo y decidir desde ahí cómo acompañar el encuentro.

02

Respetar cada ritmo

Cada persona y cada animal necesitan un tiempo diferente. Algunos se acercan enseguida. Otros prefieren observar desde la distancia. No existe un ritmo correcto.

03

No forzar

Si algo no quiere suceder, no intento convertirlo en una escena. Para mí, una distancia, una retirada o un límite también contienen verdad y merecen ser respetados.

04

Vivir antes que fotografiar

La experiencia está primero. La cámara puede conservar una parte de lo que ocurre, pero nunca debería convertirse en la razón por la que ese momento sucede.

EL CAMINO HASTA AQUÍ

Antes de ser un bosque, fue una
forma de mirar.

La fotografía apareció en mi vida mientras terminaba mis estudios de diseño.

No recuerdo el instante exacto en el que llegó, pero sí cuándo comenzó a ocupar un lugar diferente dentro de mí.

Durante mi formación en fotografía en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Valencia comprendí que una imagen no nace solamente de la técnica. También nace de quién mira, de lo que percibe y de su manera de estar delante de aquello que fotografía.

Fue entonces cuando empecé a entender que mi sensibilidad, lejos de ser una debilidad, era una parte esencial de mi trabajo.

Con el tiempo, la fotografía se convirtió en profesión. Llegaron las bodas, las celebraciones, los retratos y los trabajos para empresas.

Mientras tanto, el diseño continuó sosteniendo todo lo demás. Me enseñó a componer, ordenar y construir con autonomía el universo que rodea cada imagen.

AÑOS DESPUÉS

Durante mi etapa en Cádiz, volví a encontrarme con los caballos.

Y, al hacerlo, también volví a encontrarme conmigo.

No fue únicamente recuperar algo que me gustaba.

Con ellos reconocí una parte de mí que seguía esperando: una manera de estar, sentir y mirar que volvía a tener sentido.

Comencé fotografiándolos a ellos. Poco a poco, mi mirada fue acercándose también a la relación real que existe entre las personas y los animales.

Mirada Salvaje nació primero vinculada a la fotografía emocional con caballos. Después apareció Vínculo Animal.

Mientras intentaba ordenar cada una de esas piezas, comprendí que el hilo que las unía era mucho más amplio.

Mi trabajo siempre había hablado de lo mismo: prestar atención a lo sutil, lo vivo y lo auténtico.

De esa comprensión nacieron los senderos.

Mirada Salvaje es hoy el lugar en el que todas esas partes de mi historia y de mi manera de mirar han terminado encontrándose.

EL PRESENTE

Hoy mi trabajo continúa empezando de la misma manera: mirando.

Mirada Salvaje reúne la fotografía, la naturaleza, los animales y los encuentros.

Son senderos diferentes, pero todos nacen de una misma forma de estar.Mi lugar dentro de ellos no es decidir lo que debería suceder.

Es observar, escuchar y cuidar el tiempo y el espacio para que cada vínculo, cada persona y cada historia puedan mostrarse como son.

Después, cuando tiene sentido, la fotografía conserva una parte de lo que hemos vivido.

Ser la guardabosque no significa conocer todos los caminos.

Significa cuidar la manera en la que los recorremos.


DESDE AQUÍ

Quizá ya sabes qué sendero te ha traído hasta aquí.

Quizá todavía no.

No necesitas decidirlo ahora.

Si algo de esta manera de mirar también tiene sentido para ti, puedes escribirme y contarme qué te ha traído hasta el bosque.

Yo te escucharé y, desde ahí, podremos descubrir por dónde empezar.

Podemos empezar por una conversación.

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